miércoles, mayo 28, 2008

 

LAS DIOSAS BLANCAS

Las muertes de Ochoa de Olza y de Uwe Johannes en el Annapurna y el Everest vuelven a poner de actualidad la pasión, el riesgo y el misterio de un deporte de elite donde el éxito es espiritual

Las montañas siempre han fascinado al hombre. Especialmente aquellas que se elevan majestuosas e inaccesibles, igual que pagodas de nieve en las que moran los dioses antiguos y los nobles ideales que deben conquistar los mortales. También afirman los taoístas que ascender las cumbres más altas es un viaje hacia el conocimiento del alma y la búsqueda de la eterna juventud. Este simbolismo, el misterio del diálogo y la pugna entre los escaladores y la montaña, que les susurra frías hazañas, debe ser lo que empuja a algunas personas a convertirse en alpinistas que, lo mismo que los corresponsales de guerra, sólo se sienten vivos cuando penden de una cuerda que une la muerte con la vida. Una experiencia extraña en la que el corazón se convierte en adrenalina y en la que el individuo descubre el sentido de lo que teme, de lo que sueña y de lo que ambiciona. Por eso, el montañismo de elite es una forma de vida, una elección del espíritu. He conocido escaladores que desde adolescentes sintieron el cántico de la montaña, la música de su desafío, y que una vez que vencieron el vértigo del peligro y la emoción de conquistar la cumbre no dejaron de planear su tiempo libre, de administrar sus ingresos y de buscar publicidad, para escalar y entrar algún día en el exclusivo club de los ochomilistas. El grado máximo al que llegan estos tipos que trazan su existencia en alto, citándose con la seducción, el duelo y la aventura que les prometen las diosas blancas: Aconcagua, Dhaulagiri, Nanga Parbat…

Ochoa de Olza ha sido el último en perder la vida mientras escalaba los ocho mil metros de un sueño e intentaba emular, cincuenta y ocho años después, lo que consiguió Maurice Herzog: coronar el Annapurna, la Diosa de la Abundancia como la llaman los nepalíes y en cuyo regazo dormirá su alma fundida en nieve y en la música que llamará a otros escaladores. Esos profesionales que no ganan espectaculares sueldos, que no se exhiben con veloces automóviles de marca ni modelos, que no levantan trofeos ni son jaleados por los fans que persiguen su autógrafo y que no escalan pisando las cabezas de sus compañeros ni para conquistar un puesto en la cúpula del partido político o de una empresa. Su único premio es mirar de cerca el cielo y escuchar el secreto que a cada uno le susurra una de estas míticas diosas blancas que también suele prometer otro encuentro en otra cumbre más difícil y legendaria. De sus hazañas sólo tienen noticia los que forman parte de esta misteriosa hermandad donde se unen los sherpas, aventureros y anónimos nativos que pareen haber nacido de las montañas, y los que desean experimentar lo que lograron ídolos como Hillary, Mallory, Boukreer, Mondinelli, Orarzabal o Viestres entre otros célebres alpinistas. Los demás sabemos de ellos cuando acontece una tragedia o si nos enganchamos a ese magnífico programa documental de televisión española, Al Filo de lo imposible, que lleva más de quince años mostrando la grandeza de un deporte, en el que la montaña es la meta. Por su valor, por su dignidad, por su esfuerzo, los alpinistas merecen que pensemos en sus hazañas al mirar esas montañas sagradas, aunque a ellos sólo les importa lo que escribió Herzog “no es más quien más alto llega sino aquel que, influenciado por la belleza que le envuelve durante la ascensión, más intensamente siente”. Por eso, para los escaladores, la montaña es su poesía.


lunes, abril 28, 2008

 

LAS APARIENCIAS DE LA VIDA

La realidad hace tiempo que supera las posibilidades que ofrece la ficción. El seguimiento de las noticias diarias nos ofrece un montón de situaciones, sucesos e historias que, por su extravagancia o por ser inverosímiles, pertenecen más al ámbito de lo imaginario y de hecho podrían ser el producto de un escritor con espíritu surrealista. Veamos: la reducción de sueldo a varias enfermeras de una clínica gaditana por no utilizar minifalda, el éxito de Radio Colifata que está gestionada por enfermos mentales, el error del PSOE al mandar a los medios un mail poniendo verde a Rajoy, son algunos ejemplos que demuestran las posibilidades que tiene la realidad de ser interpretada desde la ficción. Por otra parte, las miserias humanas, el drama de las hipotecas, el difícil acceso a una vivienda digna, la violencia cotidiana y muchas otras situaciones que centran la vida y la rutina de la gente corriente, tienen un componente literario, una vertiente de fabulación que durante muchos años le sirvieron a García Belanga de inspiración para sus películas, lo mismo que a Marco Ferrari y al maestro Rafael Azcona (fallecido esta semana) para realizar magistrales guiones cinematográficos y espléndidos relatos. Sólo hade falta sentarse a mirar, pasear en autobús o en metro o escuchar a vecinos y a amigos, para tener el embrión de un relato. Hay autores que se basan en estas cuestiones y construyen interesantes libros que definen estas posibilidades. Los libros de Millás, Cheever, Carver, Ian Mcwean, Monzó o Pàmies, entre otros escritores, avalan este estrecho vínculo entre la realidad y la ficción, aunque es el género del relato el que más destaca la curiosa simbiosis de lo vivido, de las rutinas y lo misterioso y sorpresivo de la existencia del ciudadano normal, con el propósito de revelar ese envés de la realidad.

Uno de los últimos ejemplos es el libro El pensamiento mudo de los peces, editado en Páginas de Espuma, donde la escritora murciana Lola López Mondéjar aborda, con un estilo directo y un toque poético, los secretos, las contradicciones, equívocos y deseos que habitan el pensamiento de las personas. Mujeres y hombres que creen tener un equilibrio emocional, una rutina aceptable o el control de sus actos, hasta que un día un insignificante detalle, el pasado o el presente, les asalta inquietándolos y enseñándoles que la realidad es un frágil espejismo. Entre las veinte pequeñas historias, Lola López Mondéjar despliega la fuerza de su estilo y las misteriosas trampas de la realidad en espléndidos relatos como Ley de costas, donde un extraño altera la vida y el paisaje bucólico de una familia que vive frente al mar, El Pensamiento mudo de los peces basado en la máxima de Paracelso “no seas otro, si puedes ser tú mismo”, o Cumpleaños feliz, toda una lección sobre la generosidad del amor y la atracción por lo imposible y que es el relato más logrado, hermoso y triste del conjunto del libro. Piezas llenas de personajes que leen best-sellers o libros de Baricco, de parejas y solitarios que descubren a un polizón inmigrante o al que se esconde en su propio mundo interior y cuyas vidas son una mentira aceptada, un platónico sueño y una búsqueda hasta que un día son puestos a prueba u obligados a elegir entre la realidad y el deseo de ser feliz. es decir, el drama y la aventura humana de todos los días.


 

LIBERTAD BAJO SOSPECHA

La excarcelación de Roca, tras dos años de prisión y una fianza de un millón de euros, reabre las heridas de unos ciudadanos que pueden cruzarse en la calle con sus presuntos saqueadores

El precio de la libertad no está al alcance de cualquiera. Las cárceles, de España y de otros muchos países, están hacinadas de toxicómanos, rateros express y delincuentes sociales, que no tienen el valioso pasaporte de la plata. Algo imprescindible para convertir la celda en un spa, contratar un bufete de abogados al que extenderle un cheque en blanco, a cambio de que le saquen partido a los recovecos de la ley, y abonar el pago de la fianza sin tener que venderle el alma a Lucifer; es suficiente con un toque de móvil o un recado que ponga en marcha el cobro de una cadena de favores. Los delincuentes de cuello blanco lo saben bien. Es cuestión de aguante y de estrategia: no perder los nervios, saber hacerse un estatus en la galería, en los talleres y en el patio, dejar que los abogados diseñen el momento y el tono de las declaraciones públicas, saber administrar lo que saben, ocultan y cantan y esperar a que se cumpla el plazo que permita solicitar la libertad bajo fianza.

El cine y la vida real nos han dado muchos ejemplos. Pero los mejores están en los libros “El delito de cuello blanco” del sociólogo Edwin H. Sutherland y “Enciclopedia de la delincuencia empresarial” de Lawrence Salinger. Dos excelentes manuales que dejan constancia de que hay presos que son carne de cañón y que se tatúan la condena en la piel curtida por la supervivencia, en la mirada arisca y en un futuro del que nunca se borra la huella escarlata de la cárcel. Igual que hay otros presidiarios que salen del chabolo oliendo a Varón Dandy o a Chanel, mostrando una espléndida forma, física y mental, reclamando su inocencia y su derecho a incorporarse a su anterior empleo o a ser hábiles jugadores de póquer en el mercado inmobiliario, en la bolsa o en la gestión del suelo público. Estas exigencias están avaladas por la presunción de inocencia, por la lentitud de los procedimientos judiciales, por un patrimonio B o por una cuenta corriente en cualquiera de los treinta paraísos fiscales que existen entre las islas Caimán y Liechtenstein. Juan Antonio Roca, de quién un tercer juez determinará si es culpable o inocente de uno presunto delito de cohecho, malversación y blanqueo de dinero, es uno de esos casos que sublevan al pueblo. A los marbellíes que se han manifestado en contra de su regreso y también a otros ciudadanos que cada vez creen menos en la justicia o se quejan de que hay una ley para los ricos y otra para los pobres, una para los listos y otra para los pringaos. La cuestión es que entre los malayos excarcelados se encuentran los que no levantan cabeza, como el deteriorado y solitario Julián Muñoz, y los que parecen estar dispuestos a lavar su imagen sin complejos, igual que García Marcos y Roca. Pero entre todos el que más recelo parece haber levantado es el último. El hombre que en 15 años de funcionario municipal construyó un patrimonio de 2.400 millones de euros, según cifró el primer juez del caso. Un logro del que aún no se sabe si fue fruto de su esfuerzo y talento o de una trama de ingeniería financiera al margen de la ley. De momento lo más evidente es que en Marbella muchos están en contra de la posibilidad de tenerlo como vecino, igual que habrá quién haya brindado con Don Perignon. También en la cárcel de Albolote algunos pensarán que cuando salgan irán a pedirle un favor y, en otras ciudades, otros pensarán que cuando hay mucho dinero de por medio la libertad siempre estará bajo sospecha.


 

LA METÁFORA DEL MONSTRUO

Desde la mitología, los monstruos han fascinado a los viajeros y a los contadores de historias. De hecho, el encuentro con los monstruos es una piedra de toque de la autenticidad de una experiencia viajera: quien no los ha visto no ha viajado, quine no encuentra sobre su hallazgo no los vio personalmente. Esta doble experiencia, la del viaje y la de la narración, fue registrada en numeroso libros y grabados entre los que cabe recordar las descripciones de Marco Polo y sus serpientes gigantes de la provincia de Caragián, las de Mandeville y el pájaro rock junto con los grifos de la India y las de Jourdain de Séverac acerca de los dragones del estrecho de Messina. Estos autores, además de Rubrock, Sebastián Brant y muchos otros, les otorgan al monstruo la prueba del poder de la Naturaleza y el concepto aristotélico de que, para el hombre, los monstruos son diferentes formas de él mismo y que unas veces responden a la expresión de sus terrores interiores y otras a la fantasía provocada por la naturaleza. Pero sobre todo los escritores defienden, a través de la monstruosidad donde sobresalen los dinosaurios, los dragones y los terribles pájaros-sirena, como lo mágico penetra en la vida, como la vida penetra en lo mágico. Esto explica que ene le prólogo de La Tarde del Dinosaurio de Cristina Peri Rossi, publicado por Tropo Editores que continúa desde Zaragoza su exquisita reedición de libros perdidos, la autora explique la afinidad que Cortázar y ella misma sentían por los dinosaurios y por esos relatos fantásticos que siempre acontecen en una casa.

En los nueve relatos de este libro, Peri Rossi explora la metáfora del monstruo a través de la multiplicidad de la realidad, la metamorfosis de la identidad, la rebelión ante un orden cerrado y de la recuperación de la mirada infantil para enjuiciar el mundo de los adultos. Al mismo tiempo cada pieza cumple la función simbólica de ser una puerta que se abre y conduce a otra puerta o a un espejo que recoge el reflejo de otro. Un juego puramente cortazariano y que muchos escritores de cuentos denominan micro universos pespuntados por un eco que resulta del roce de la realidad y lo fantástico. En este caso, unos relatos están definidos por la utopía, por los sueños cruzados, las diferencias entre el amor y el deseo y otros por la crítica que alude al secuestro del periodismo o al exceso de individualismo y por la exploración de lo sensorial. Así lo demustran las acertadas y poéticas historias del hermano enamorado de una hermana a la que sueña desnuda en una fotografía, la pequeña que le da una lección sobre el tiempo y la vida a unos turistas que hablan otro idioma, los excepcionales cuentos de los patrulleros de la luna y de Simulacro, el de las bailarinas que se mueven cuando los sueños las hacen funcionar y el del pequeño que sueña con el dinosaurio que sale del mar. Un conjunto de relatos que ponen de relieve el estilo de la escritora uruguaya y el interés de un libro que, gracias a Tropo Editores, ha vuelto a despertar para comprobar, con permiso de Monterroso, que el dinosaurio seguía vivo y allí.


 

LITERATURA FORENSE

El mercado literario es una calle como puede ser la célebre rue Faubourgs Saint-Honoré de París. Pero en lugar de exhibir las firmas de Chanel, Dior, etc, esta calle está llena de lujosos escaparates que muestran bes-sellers, las obras de autores mediáticos o muy premiados. También existen boutiques que albergan novelas de prosa exquisita y de estilos vanguardistas, escaparates llamativos donde hallar la modernidad de moda y tiendas en las que conviven lo pret-a-porter y lo exótico. Y casi imperceptible, hasta el punto de que uno puede pasar de largo, hay pequeños portales semioscuros en los que se agazapan extrañas lecturas que golpean el estómago, hacen pensar e inducen a preguntarse cual es la función de la literatura en un mundo donde la realidad y la ficción son un ser hermafrodita. Cuando alguien abre uno de estos raros libros, descubre que en realidad son un revólver, una carta de amor o un talismán, que puede llevarse encima como si fuesen un amuleto a favor de la vida. El último libro que muestra este portal se llama Amarillo, está escrito por Félix Romeo y lo ha publicado la editorial Plot. En un principio, Amarillo, parece inscribirse entre otros argumentos que han registrado la filosofía del suicidio. Un tema que los griegos convirtieron en literatura (Edipo, Ifigenia, Antífona…) para expresar la figura de un personaje roto, de un individuo que prescinde de su voz mediante la muerte. Desde entonces, el suicidio fue trabajándose como un gesto romántico (Kleist, Robert Walter), una liberación frente a los temores de un complejo mundo interior (Virginia Wolf, Paul Nizan), una depresión aniquiladora (John Kennedy Toole), la respuesta ante la pérdida del propio ego (Hemimgway) y también como un manifiesto reivindicativo (Yukio Mishima y Kawabata). Pero Amarillo, no es únicamente un libro que explora el suicidio al estilo de Camus y su búsqueda una réplica filosófica frente a las contradicciones de la existencia. Amarillo es, por encima de todo, un libro sobre la amistad, la pérdida y sobre lo que simboliza este color: el deseo de liberación.

Félix Romeo, autor de los excelentes libros Discothéque y Dibujos Animados, sabe que en la literatura el suicidio es un interrogante dentro de un misterio. Por eso ha elaborado un intenso, emotivo y pulcro en torno a la muerte de su amigo el escritor Chusé Izuel, desde la infancia compartida por ellos y otro compañero llamado Bizen, hasta el momento de su suicidio. Por voluntad propia, Romeo se convierte en el albacea de la obra periodística, epistolar y literaria del suicida, y a la vez en un forense que disecciona, doliéndose y sin dejar que el dolor se transforme en culpa o en conciencia juzgadora, para narrar tres vidas adolescentes, la rebeldía contra los padres, la bohemia literaria, el poder de catarsis y de búsqueda de la propia literatura, el desarraigo del amor, el vacío emocional y muchas otras emociones que vienen a ser las higadillas y también la pimienta de la existencia de cualquier individuo. Escrito de una manera directa y sin antiácidos literarios, Romeo explora con sobria tristeza, cierta angustia y rabia contenida su vida, contenida y amputada en parte, en la vida del amigo muerto y en los vínculos que los unían a una forma de intentar responder y ordenar el mundo. Este Amarillo, que tiene la fuerza del amarillo van gogh, es una de esas pocas lecturas que transforman a los lectores y que demuestran que la literatura también es una de las mejores maneras de interrogarse a uno mismo.


 

MECANO O CROMOS

Hace un par de años que la literatura alberga un debate que se produjo en el mercado del arte durante la segunda mitad de los años noventa. En esa época aparecieron diferentes exposiciones, como Cocido o Crudo, y teorías del arte avaladas por revistas como Arena, que defendían la innovación y la irrupción de una corriente de aire fresco y rompedor. Hoy día muchos de aquellos nombres han desaparecido o regresaron a una relectura más madura de la tradición y de las vanguardias. En literatura ha ocurrido algo parecido. La aparición de la llamada Generación Nocilla, se ha postulado como la abanderada de una literatura que critica la tradición, defiende el intertexto, el discurso fragmentado y la virtualidad de lo real y el pop. Una cultura pop presente en otras generaciones anteriores con destacados ejemplos como Monzó, Empar Moliner, Pámies, Lucía Etxebarría e Iban Zaldua entre otros, sin olvidar las aportaciones que hicieron años antes poetas como Brossa. Lo curioso es que Los Nocilla parecen reivindicar una vanguardia que ni de lejos se acerca a la estructura caleidoscópica de la ficción que llevaron a cabo el dadaísmo, el surrealismo, Joyce, Virginia Wolf, Sánchez Ferlosio, Martín Santos, Cela, Goytisolo, Durrell, Perec, Italo Calvino, Robbe-Grillet, etc, etc. Nombres que continúan siendo indudables referentes y maestros, muy por encima de Foster Wallace, el gurú de esta Generación Nocilla donde sí hay libros, unos aceptablemente interesantes y otros más arriesgados y redondos, como Circular de Luis Vicente Mora, La Fiesta del asno de Juan Francisco Ferrer o Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo.

Precisamente Agustín Fernández Mallo es el autor elegido, por aquellos que deciden cuando, cómo y quién es el símbolo para esa constante renovación de las generaciones y las corrientes. Después del boom que supuso su primer libro, más cercano al conjunto de relatos que a la novela y al margen de la diatriba fronteriza entre los géneros, Alfaguara publica ahora Nocilla Experience. Un nuevo mapa repleto de referencias musicales, de pequeños homenajes a películas como Apocalipse Now, de artículos, ideas sueltas, marcas publicitarias, de pequeñas piezas que resultan de un artificios corte y pega, y de cuentos interrumpidos pero también hilvanados en torno a la soledad, a la búsqueda de la identidad o una mirada, a veces neutral y en ocasiones levemente crítica, de la realidad socio-política. Y aunque Fernández Mallo escribe bien y demuestre que es hábil en construir collages y en imaginar historias como las del soldado y la arquitecto iraní, al lector siempre le quedan dudas. Si el resultado, que no pasa de ser correcto con alguna que otra llamativa cúspide de brillantez y más de un tópico, es un mecano de piezas que encajan para armar un todo concreto, si se trata de una colección de cromos, cuyo único nexo es estar dentro de la misma caja, impresa en ese caso, si estos singles narrativos que no son una novela, por mucho que algunos se empeñen, responde a una convicción o al hecho de no enfrentarse a una estructura tradicional, con la que por cierto se puede innovar. La respuesta corresponde a los lectores y en cualquier caso es interesante seguirle la pista a este autor, al margen del falso efectismo de un debate que olvida que lo importante es saber mirar y saber contar, además de conocer lo que muchos otros hicieron antes sin necesidad de que existiesen los blogs ni teorías doctrinarias que han reeleido interesada o parcialmente lo que se hizo antes.


 

LAS RENCILLAS COTIDIANAS

El humor es un antídoto contra las enfermedades, la rutina, las agresiones cotidianas de la realidad y encima mejora el sentido de la perspectiva. Sin embargo, el humor hace tiempo que parece estar confinado al registro de la comedia y al ámbito de los profesionales que hacen chistes en los shows televisivos. Puede decirse que incluso, al desaparecer el arte del cabaret, el humor ácido y la parodia también dejaron de ser protagonistas del espectáculo inteligente. En la literatura ha ocurrido algo parecido. A pesar de que autores ilustrados como Diderot y Voltaire, de escritores innovadores como Joyce o torturados como Kafka, lo utilizaron en muchas de sus obras, el humor no ha gozado de demasiado prestigio en el ámbito literario. Y mucho menos en España, donde desde Quevedo pocos han sido los que se han atrevido con este complicado registro o esta peculiar mirada sobre la realidad. Aún así hay algunos como Eduardo Mendoza que le sacó partido en sus novelas El Misterio de la cripta embrujada y Sin Noticias de Gurb, como Hipólito G. Navarro, un auténtico representante del absurdo y la hilarante comicidad que distingue sus relatos y como el catalán Quim Monzó. Este escritor es uno de los dominadores del humor caústico y de contenido crítico que convierten sus cuentos en auténticas bombas de relojería.

El último ejemplo de su tono pesimista, de su habilidad para crear desconciertos al estilo de Woody Allen, es su Mil cretinos, editado por Anagrama. En estas diecinueve piezas, que aparecen seis años después de su libro El mejor de los mundos, Monzó vuelve a cuestionar la naturaleza humana, evidenciando sus egoísmos, miserias y absurdos. Unos temas con los que el autor juega, explora, rinde homenajes a Handke y Cortázar, y provoca al lector. Los mejores ejemplos de su vuelta de tuerca a la realidad son los cuentos El señor Beneset, Sábado, La Alabanza, Una noche, Cualquier tiempo pasado y El Tenedor. Excelentes relatos que indagan en el frío mundo de los geriátricos repletos de soledades y delirios, en los problemas derivados de las cargas familiares, en las reacciones que provoca el desamor, en los peligros de las alabanzas, en la venganza del discípulo herido en su ego, en el cuento popular de La Bella Durmiente y en la falta de respeto hacia los demás. En todos ellos asoma el estilo periodístico del escritor catalán, su habilidad para desconcertar al lector y sobre todo el humor cortante de Monzó y su peculiar manera de diseccionar los pequeños choques y exigencias del devenir cotidiano y de las relaciones afectivas, que a veces dan lugar a situaciones cómicas, surrealistas o inquietantes que hacen que la sociedad del siglo XX y del XXI sea una sociedad kafkiana. La lectura de Mil cretinos hará reír al lector, pero también provocará que cada uno piense y admita que la vida, en sí misma, es puro surrealismo.


 

LA ESFEROMAGIA

Esta semana los partidos entre Liverpool y Arsenal y Getafe-Bayern Munich han demostrado que el fútbol es una mezcla de épica y de tragedia griega a la que casi nadie es ajeno

El martes siete millones de españoles entonaron desde sus casas el you´ll never walk alone. El célebre Nunca caminarás solo, que en 1963 el grupo Gerry & The Pacemakes, nacido en el popular barrio de Merseybeat, convertiría en número de uno de ventas y en el himno de un Liverpool que ha entronizado, en el coso rectangular de Anfield Road, al delantero Fernando Torres y especialmente a su entrenador Rafa Benítez; hasta el punto de que millares de aficionados se manifestaron cuando los dueños del club pretendieron despedirlo. Este gesto insólito explica el carácter de los seguidores de un equipo que mueve su entrega y su talento al ritmo del poético estribillo “sigue caminando con esperanza en el corazón y jamás caminarás solo”. Un concepto más propio de los cantautores hippies de los años setenta y de los letristas de ideologías que de un equipo con presupuesto millonario y cuya gesta consiste en ganarle a sus viejos rivales. La cuestión es que el aliento musical de esta simpática hinchada, reconocida por su escaso perfil del hoolingan broncoso y borracho, es comparable a la que también tiene el Getafe. El equipo de otro barrio humilde, en este caso de Madrid, que el jueves fue apoyado por once millones de españoles que hubiesen querido consolar al guardameta Pato Abbondanzieri y al resto de jugadores después de perder tras 120 minutos de épica y de tragedia griega.

Los dos partidos, definidos por la intensidad de la emoción, la incertidumbre del resultado y el carácter épico, pusieron de manifiesto que este deporte, creado hace dos mil años por Fu.Hi, que practicaron los persas y los griegos y que los romanos llevaron a Inglaterra, logra en ocasiones transmitir la inteligencia de la estrategia, belleza plástica y valores como la fuerza de la ilusión, la importancia de creer en uno mismo, capacidad de sacrificio, trabajo colectivo, humildad y pasión. En esos raros momentos, libres de la deplorable y habitual violencia que ya produjo en 1314 que se prohibiese por vez primera su práctica, uno entiende la pasión y el drama de sus seguidores y que, en esas ocasiones, el fútbol sea realmente un reflejo de la vida y un juego merecidamente acreedor del término esferomagia, acuñado por Homero para referirse a su práctica. Incluso, aunque alguien no sea espectador militante, es difícil no involucrarse en la tensión y en el afecto que envuelve a estos partidos que vacían las calles y que durante días ocupan los temas de conversación. Entonces uno se olvida de que este deporte, culturalmente despreciado y políticamente utilizado, es un oscuro negocio que cada año tiene ingresos superiores a los seiscientos millones de dólares, derivados de los derechos televisivos y de la mercadotecnia, y también un reflejo de la mediocridad y de los males de la sociedad. Lo triste es que esto sólo ocurre de tarde en tarde y que, una vez pasada la resaca, el fútbol vuelve a ser un espectáculo protagonizado por estrellas caprichosas, por presidentes de egos neronianos, por empresas que se disputan las retransmisiones abiertas y de pago y por algunas hinchadas que dan rienda suelta a la violencia y a las frustraciones interiores. Aún así, merece la pena esperar a que aparezca otro día, otro partido, otra gesta o tragedia, que nos devuelva la creencia en los héroes, en la recompensa para los que trabajan en hacer realidad sus sueños y en que, de vez en cuando, el pequeño David es capaz de derrotar al gigante Goliat. Ese día, la felicidad es redonda y rueda para todos.


martes, febrero 12, 2008

 

EL NEGOCIO DE LAS RESIDENCIAS

En España hay actualmente 270 mil plazas distribuidas en 3.700 residencias para mayores con listas de espera y un precio que oscila entre los mil doscientos y los dos mil euros

En nuestro país, que muy pronto será el más anciano de Europa, siete millones y medio de personas son mayores de sesenta y cinco años. A esta edad aún se goza de calidad de vida, a pesar de las goteras que empiezan a dar signos de alarma del organismo. Pero cinco años después, el riesgo para la salud aumenta y es más normal la aparición de enfermedades más complicadas y de accidentes que inciden negativamente en la movilidad de las personas. Cuando se produce esta situación, la mayoría de las familias ha de hacer frente a un grave problema: el de cuidar a sus mayores y compatibilizarlo con el horario laboral, los hijos, la casa, la falta de espacio para acogerlos y el de contratar la ayuda de cuidadores. Estos deben ser profesionales especializados para evitar el problema de robos, malos tratos y de otros riesgos que conlleva el acudir a cualquier otro tipo de “enfermeros”. Por estos motivos, el gobierno aprobó la Ley de Dependencias sobre la que César Jiménez se quejaba, a través de una carta a este periódico, argumentando problemas de descoordinación, contradicciones y de los insuficientes recursos económicos de las ayudas; por no hablar de la lentitud de la burocracia administrativa y del extraño baremo que se aplica para determinar si la dependencia es moderada o severa. A este problema hay que añadirle el de la escasez de residencias, a pesar de que un estudio de DBK señala el incremento en un 6% de estos centros en 2006 con una facturación de dos mil millones de euros. La evidencia del rentable y suculento negocio de las residencias a las que, según la encuesta de Edad & Vida, sólo quieren acceder el 16% de los mayores frente al 78% que prefiere estar atendido en su casa.

La explicación de este abismo entre ambas cifras se encuentra en el hecho, fácil de constatar, de las deficiencias que tienen estos centros con un alto número de plazas subvencionadas escasamente por las administraciones y creados por cooperativas que, al igual que cualquier otra empresa, buscan el máximo rendimiento económico al menor coste. Esto se traduce en un escaso personal, no siempre cualificado y con bajas nóminas, que suele estar desbordado y le resulta imposible aplicar atención específica y personalizada, provocando así que los mayores se sientan minusvalorados. A esta carencia se le unen otras como la infantilización o escasez de talleres para actividades, la carencia en muchas ocasiones de un trato educado, la inexistencia de fisioterapeutas profesionales o de un programa adecuado a cada necesidad y un régimen gastronómico de baja calidad en la mayoría de los centros. Aunque también es verdad que existe personal técnico que suple con vocación y cariño estas deficiencias, lo habitual es que estos problemas, junto con la ausencia de autonomía, afecten a la autoestima y bienestar de los mayores. Y eso que muchos invierten sus ahorros o su jubilación en pagar el elevado precio que no suele corresponderse con el servicio prestado. Aún así apenas hay denuncias ni tampoco se vigila, por parte de las administraciones, el cumplimiento de la Ley de Atención a las Personas Mayores de 2003. Esta realidad preocupante y generalmente oculta pone de manifiesto la hipocresía de una sociedad y de unas políticas que no saben qué hacer con las dependencias de la Tercera Edad, por mucho que inventen eslóganes y leyes que se quedan entre la propaganda y el parche, en lugar de contribuir a reconocer, respetar y mantener la dignidad de sus mayores.


lunes, diciembre 17, 2007

 

ALMANAQUES DEL DESEO

Desde que en 1964 apareció el famoso calendario Pirelli con modelos sensuales, se ha ido extendiendo la moda de decorar los meses del año con imágenes que simbolizan tentaciones, promesas y sueños

Cuando llega la navidad casi todo el mundo finiquita diciembre y la cartera con las cenas de empresa, las copas de la amistad, la cesta de nochebuena (que este año no será de moco de pavo) y con los regalos que se hacen a modo de conjuro para recibir el año nuevo con la intuición de una vida mejor. Lo mismo se hace con la uva número doce que cada cual se traga esperando que sea la promesa de un año dorado en el que dar el campanazo. Son maneras de entrar en otro año que traerá doce meses cargados de fantasmas, problemas y tentaciones, a las que deberemos hacer frente tirando de los consejos, ensalmos religiosos, amuletos y estímulos que cada cual tenga más a mano. Y lo que, sin duda, se tiene más a mano es el calendario de mesa, de casa, de despacho o de bolsillo. Lo saben bien las empresas y los fabricantes de almanaques que en estas fechas nos desean un feliz 2008 con imágenes de color satinado o con las sentencias y noticias didácticas del célebre taco calendario del Corazón de JesúsZaragozano. Aunque la palma se la llevan calendarios como el Pirelli que este 2008 nos acerca sus bellezas de oriente, el de la compañía aérea RyanAirVictoria´s Secret y su catálogo de lencería de ángel y diabla. Almanaques cuyas hermosas mujeres fueron, durante los años setenta, musas de talleres mecánicos y de bodegas que le alegraban a los españoles el aceite y el vino de la dictadura, igual que servían de pasaporte de cartera para soñar con el último tango que se bailaba en los cines franceses de Perpignan.
o del con sus azafatas levantando el vuelo del deseo o el de

Pero de un tiempo a esta parte, los calendarios han dejado de ser un álbum de hojas con las fases de la luna, el santoral, las fiestas de guardar y un catálogo de modelos pin-up, que todavía hoy persiguen los coleccionistas de objetos y de años, para convertirse en un escaparate publicitario de héroes, de empresas, de promociones universitarias y de colectivos de andar por casa. Es fácil encontrar en tiendas, librerías y grandes almacenes, a los bomberos de Nueva York provocando incendios en el corazón, a los gondoleros de Venecia de erguido romanticismo, a las tigresas que, desde los féretros de la italiana Cofani Fúnebre, le insinúan a los muertos el mejor sueño eterno, a estudiantes de medicina y geología de la Autónoma de Barcelona exhibiendo anatomía o diamantes en bruto, a los sacerdotes del Vaticano transformados en ángeles de la fe por la cámara de Pietro Pazzi y a las carteras de Marbella que, desde mañana, venderán doce meses picantes. Ellas lo hacen para recaudar fondos destinados a la investigación de la mucopolisacaridosis, los curas de la santa sede para atraer creyentes y las universitarias para pagarse el viaje de fin de curso. La cuestión es que parece haber una guerra de calendarios, muchas causas por las que posar o desnudarse y pocos colectivos que se resistan a ser carne de calendario, a pesar de las protestas morales o sociales. De hecho, puede que, teniendo en cuenta que tenemos nuevo año electoral, los políticos decidan sorprendernos desde un calendario para atraer nuestra atención y voto, aunque sólo sea visual. Está claro que a este paso dejarán de venderse los calendarios de ciudades, los de pinacotecas artísticas y los de las oenegés. El futuro es de las comunidades de vecinos, de los presos de las cárceles y de aquellas personas que decidan pagarse el alquiler o una necesidad, convirtiéndose en dioses o diosas de un año para enmarcar en la pared.


lunes, diciembre 03, 2007

 

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

El Tribunal de Nagoya condena a una empresa japonesa a indemnizar a la viuda de un empleado que murió por exceso de trabajo y el 33% de los españoles considera que trabajar perjudica la salud

Entre 2006 y 2007 ciento cuarenta y siete japoneses murieron por exceso de trabajo. Igual que Kenichi Uchino, fallecido en 2002 después de dar el callo ciento catorce horas de más durante seis meses. Por la denuncia de la viuda y la sentencia judicial tenemos claro que Uchino no hizo tantas horas extras porque era uno de esos adictos que rellenan la soledad o los problemas emocionales con el destajo laboral ni porque su amor por su profesión hubiese convertido el trabajo en un estilo de vida. Más bien, era uno de los muchos currantes que no tenía más remedio que ser una superhormiga para que no lo despidiesen por falta de lealtad, de entrega y disponibilidad. Los tres sacramentos del actual contrato matrimonial que firman a diario los que no quieren formar parte de las cifras del paro, los que todavía piensan que la mente ociosa es el taller del diablo y aquellos que creen en el viejo dogma de que el trabajo pule, abrillanta y dignifica al hombre. Un eslogan que todavía le cuesta entender a los currantes, sin tarjeta de empresa ni beneficios anuales, que cada jornada se desgastan el alma en la mina, en la obra o en la oficina donde labrarse el porvenir no tiene descanso, además de que el sueldo casi nunca compensa el tener que dejar de lado la vida personal y familiar. Esa impuesta obligación si se quiere mantener o progresar en la “segunda vivienda” donde se premia a quiénes pasan más tiempo en ellas. Aunque esto no quiere decir que este tipo de personas sean las más productivas ni las más eficaces. Lo saben bien esas empresas (que sólo existen el los suplementos salmón que los periódicos dedican a la economía, a modo de ficción contemporánea) en las que los jefes empiezan a dudar de la capacidad de sus subalternos si se quedan más tiempo a trabajar.

La cuestión es que, en el estado del bienestar, el lugar de trabajo es el eje central de la vida de millones de personas sin horas para compartir con el cónyuge, con los hijos, con los amigos o con esas lechugas y nueces que, según el doctor Txumari Alfaro, proporcionan el triptófano que nos aporta la sensación de felicidad. Incluso son muchos los que afirman que el trabajo perjudica seriamente la salud. El 71% de los albañiles, el 33% de los camioneros y taxistas y el 28% de los enfermeros y trabajadores sociales opinan también que echar horas extras los hace un 10% más propensos a padecer hipertensión, estrés, problemas musculares y enfermedades cardiovasculares. Por si fuese poco comienza a extenderse el grave perjuicio que supone para la dignidad el creciente interés que tienen los empresarios, como está demostrando la firma Omnis con filial en Málaga y requerida de momento por diez empresas, por que sus currantes pasen la prueba del polígrafo y detectar así fraudes o desmotivación del personal. Pero como en todo, también existe la postura contraria, como ha demostrado este pasado viernes María Carolina. La prostituta chilena que ha donado veintisiete horas de sexo, a 300 dólares la hora y media, a favor de los niños discapacitados de su país. Un maratón laboral en el que la han apoyado muchos de sus clientes habituales y que tal vez se tomaron su participación como un trabajo de voluntariado social. Lo cierto es que a este paso y en esta época, donde ya no hay cigarras, el libro El derecho a la pereza puede convertirse en el best-sellers de las navidades. Ese tiempo en el que todos hacemos el propósito de cambiar de vida y de trabajárnosla de otra manera más saludable y digna. Veremos.


 

DEBERÍA CAÉRSETE LA CARA DE VERGÜENZA. SERGI PÁMIES

El mundo es fantástico porque es un lugar donde cualquier cosa puede ocurrir. La realidad es fantástica porque en lo real cualquier cosa puede ocurrir. Por eso y porque cada uno percibe todo lo que existe de una manera diferente. Depende si tiene los ojos azules o negros, de si usa gafas o lentillas. Esto quiere decir que la clave, a la hora de interpretar el mundo y la realidad, está en la mirada que sea capaz de desnudar las apariencias e imaginar lo que esconden, lo que pueden desencadenar, lo que comunican. Cualquiera puede hacerlo, aunque no todos lo logran. Uno que sí lo consigue es Sergi Pámies. Lo demuestra en cada uno de sus libros, en cada uno de sus cuentos. Esas piezas que contienen el misterioso resultado de observar y de buscar la manera de darle la vuelta a la realidad como si fuese un calcetín que deja al descubierto la verdadera huella del pie, el secreto que siempre oculta cualquier tipo de disfraz como el calcetín, el folio en blanco, las palabras, las gafas o la realidad, siempre la realidad, de la que Pámies nunca deja de sospechar. Un recelo que motiva al escritor parisino-catalán-español a convertir la rutina de los afectos, lo cotidiano de la vida y el mundo interior y exterior de las personas, en un ready made. ¿Qué es un ready made? Un objeto, un artefacto, que primero te resulta extraño, que luego te hace sonreir desde la inteligencia y que después provoca que te des cuenta de que te ha dejado dentro una sombra, un regusto ácido, un hilo del que tirar desde dentro hacia fuera de ti mismo, hasta que descubres que eres feliz o que debería caérsete la cara de vergüenza. Así se llama el último y el primero de los libros de Sergi Pámies. El primero que le publicó Anagrama y el último que acaba de publicarle. Quién sabe si esta especie de círculo se debe a que la editorial se ha contagiado del estilo de Pámies, de su forma de darle la vuelta a la realidad como si fuese un calcetín. La cuestión es que este libro viene a demostrar que el tiempo es circular y que, lo mismo que sucede con la moda, todo vuelve. Pero lo más importante es que Sergi Pámies ya era Sergi Pámies cuando escribió éste primer libro que ahora es el último.

En sus páginas, el lector se sentirá como en casa. Esto es porque en los cuentos aparecen televisiones, marcas de publicidad, yogures, tartas de cumpleaños, folletos de viaje, martinis, tarjetas de crédito, ancianos, mujeres embarazadas, abuelas, flanes de huevo, etc, etc. Todos los ingredientes que también pueden encontrarse en ese gran supermercado que también es la realidad. Sólo que en lugar de cada cosa tenga un código de barras, cada cosa tiene un cuento dentro o un cuento fuera, según se mire. En cualquier caso este libro no defrauda y aunque cada relato tiene muchos años o unos meses, depende de si se considera el primer o el último libro de Sergi Pámies, las historias mantienen una curiosa vigencia: que cada cosa que se cuenta puede sucederle a uno mañana mismo o dentro de un año, al subirse a un avión en navidades, al intentar sacar dinero en un cajero automático nocturno, al entrar en un banco o al pensar un deseo antes de soplar las velas de una tarta de cumpleaños. Pongo estos ejemplos porque son los cuentos que más me gustan de este libro al que no se le cae la cara de vergüenza, igual que tampoco se le caerá al lector de las manos.

Les cuento. En Sucursal, Pámies aborda como la imaginación y el miedo pueden aliarse para convertir la realidad en una amenaza. De esa alianza resulta que la cobardía es un estado de conciencia en el que participan la irrealidad y los miedos interiores que nada tienen que ver con los miedos exteriores. Hasta el final no hay sorpresa. Igual que ocurre con el final del miedo. Otro relato fantástico es Memoria, donde el escritor se aproxima al realismo mágico para crear una conmovedora historia acerca de la soledad y del valor de los recuerdos, definida por la sugerente atmósfera y el sesgo poético del cuento. Junto a esta delicada pieza narrativa, cabe resaltar Cumpleaños, donde el tema del doble y el dicho de lo peligroso que puede ser desear que se cumpla algo, centran el argumento. Su lectura no es recomendable si ese día celebra su cumpleaños. O sí, cuando soplar las velas escondan el deseo de cambiar de vida. También sobresalen La Ruta de los caimanes, El Feto y el Apocalipsis. Para el final, me reservo los mejores: Caja abierta, en cuyas páginas hay todo un divertimento acerca de la doble moral, de lo absurdo y surrealista de tantas situaciones. El otro es Año Nuevo, donde el autor caricaturiza el agobio familiar de las navidades y el mito erótico de Emanuelle. Cada una de estas excelentes historias nos acercan el talento predador y la escritura de Sergi Pámies que siempre es incisiva con la realidad, ya que la abre, la disecciona y la cose sin que se noten los puntos de sutura. Posiblemente porque este escritor maneja como aguja su inteligente ironía, situada entre lo absurdo y lo trascendente, lo cómico y lo trágico, y una vocación de estilo que lo convierte en uno de los mejores relatistas del panorama literario, sin haber tenido que imitar a Raymond Carver. A Pámies le basta con observar, con saber reírse y con saber provocar que a la realidad se la caiga la cara de vergüenza por tratar de engañarnos con sus apariencias.



 

EL CLUB DE LOS IMPOSTORES

Un tribunal italiano juzga a una letrada que, después de ganar doscientos pleitos y obtener fama entre los magistrados, se auto denunció por intrusismo profesional al carecer del título de abogada

A Giuditta Russo la acusó su reflejo en el espejo. Después de diez años de exitosa carrera como invencible abogada, decidió no seguir ocultando que nunca había estudiado Derecho y que, a pesar de saberse al dedillo el Código Civil, tan sólo era una impostora. Este gesto de valor y de reconciliación con su conciencia resulta raro en esta época donde lo falso ha pasado a ser más real que lo real. Tal vez por eso, fingir se haya convertido en un juego social. También es cierto que hoy día no es difícil ni extraño comprar la conciencia, la ajena y la propia, ni darle de lado a una verdad que no vende, que no contribuye a triunfar ni facilita el ser feliz. Cada día muchas personas se preguntan que tienen que ver ellas con la desnudez de su imagen en el espejo. La mayoría se contenta entonces con teñirse el pelo, con cambiar su estilo de vestir, con fabular acerca de su pasado y de su presente, o con fabricarse una doble vida. Igual que la profesora italiana de literatura, Anna Ciriaci y que también era estrella del porno, Madameweb, en sus ratos libres. Pero hay otros que, movidos por la ambición o por la notoriedad social, se inventan una personalidad que les facilite triunfar en la política, en la cultura, en el deporte, en el amor o en los negocios. Con ese propósito se compran un título falso en una universidad inexistente como la de Brantridge, donde se doctoró un profesor de la universidad de Valencia al que recientemente le descubrieron su mentira. Algo parecido hicieron Roldán al alardear, durante su etapa en el gobierno felipista, de su brillante y variado currículum académico; Alicia Esteve y Enrico Marco, respectivos presidentes de las Asociaciones de los Supervivientes del World Trade Center y del campo de Manthaussen y de los que ahora se ha sabido que nunca estuvieron en esos lugares de la tragedia.

La impostura no es nueva, aunque parezca que está de moda, especialmente ahora que el dinero y el poder parecen que pueden comprar cualquier identidad, cualquier memoria, cualquier alma. Los impostores han existido siempre. Incluso hay un club que alberga el fraude de sus historias. Las del montañero Frederick Cook que ascendió la cima más inaccesible del monte McKinley en 1906, la del fiscal Manuel Fernández Martín que sentenció al paredón franquista a un millar de presos políticos o la de la reportera del Washington Post, Jane Cook que obtuvo en 1981 el Pulitzer por un reportaje sobre un niño adicto a la heroína. Héroes cuya ficción se desmoronó al descubrirse que el escalador se quedó a 32 kilómetros de la cúspide, que el fiscal ni siquiera había aprobado primero de Derecho (por tanto sus sentencias son nulas) y que la periodista se había inventado al pequeño yonqui. Da igual. Ya han pasado a la historia. Aunque ninguno de ellos posee el talento y la elegancia de los Yes Man para llevar a cabo tomaduras de pelo con las que denunciar o realizar críticas. Este grupo es famoso porque sus miembros, encabezados por Andy Bichbaum, han suplantado a directores de la OMC y del Banco Mundial en varias conferencias internacionales sobre economía e industrias petrolíferas. Un ejemplo de la impostura como una manera divertida y audaz de infiltrarse en la secreta realidad de quiénes dirigen el mundo y hacerles ver que sabemos sus tejemanejes. Pero los que realmente tienen más arte y más mérito son aquellos que se esfuerzan a diario por enriquecer y mejorar su identidad, sin echar mano de la mentira ni del disfraz y convencidos de que vivir es ser.


lunes, noviembre 26, 2007

 

LA LITERATURA ES NOTICIA

El Planeta concedido a Millás, la presentación de la Fundación Manuel Alcántara y las Jornadas de la Fundación Caballero Bonald demuestran la vitalidad del periodismo como género literario

La vida es realidad y también posibilidades. Con esta frase, el prestigioso filósofo de brillante sencillez humana, Emilio Lledó, inauguró esta semana en Jerez el IX Congreso de la Fundación Caballero Bonald dedicado al análisis de los vínculos entre periodismo y literatura. Las dos antiguas disciplinas que para unos están separadas por la frontera que distingue la realidad de la ficción y el rigor de la imaginación, mientras que para otros es un mismo género cuya voluntad de estilo, capacidad de mirar para descubrir los detalles y necesaria toma de tierra permiten hermanar el reportaje, el columnismo y la narrativa. Así lo consideran Manuel Rivas, Elvira Lindo, Juan Luis Cebrián, Clara Sánchez y otros escritores de libros y periódicos, reunidos en esa Fundación creada en 1988 y que cada año organiza, bajo la atenta y afectuosa tutela del maestro gaditano, de su inseparable mujer y de un eficiente y detallista equipo que no deja ningún cabo suelto ni escapar el más mínimo detalle. Este Congreso ha repasado, en los últimos años, la función social de la literatura y su relación con el cine y la política entre otros temas sobre los que han disertado personalidades como Vargas Llosa, Jorge Edwards, Carlos Saura, Rafael Azcona Alberto Manguel y muchos más nombres que atraen el interés diario de más de doscientos profesores y estudiantes universitarios. Por otra parte, La Fundación (que no cesa su actividad durante el año con un amplio programa dedicado a las variantes artísticas de la generación del 50, al teatro, a la poesía y a la revista Campo de Agramante dirigida por Jesús Fernández Palacios), se ha convertido en una importante referencia nacional que le permite a los participantes gozar de la sabia personalidad de Pepe Caballero Bonald, al mismo tiempo que proyecta a Jerez como una capital a caballo entre la exquisitez del vino y de la literatura.

Una literatura construida con las palabras que nos permiten también construirnos a nosotros mismos y sobre la que Ezra Pound dijo que era una noticia que siempre es noticia. Lo cual se ha demostrado en esta semana donde el Planeta ha recaído en Juan José Millás. El ejemplo más evidente de que el periodismo es el género literario del siglo XX, como afirmó el prosista y político granadino Eugenio Sellés en su discurso de ingreso en la Real Academia en 1895, y que el escritor premiado lleva a cabo en sus magníficos “articuentos” y reportajes de prensa en los que suele entremezclar la imaginación que Manuel Rivas considera la espuma de la memoria, la ficción como sombra de la realidad, según afirma Emilio Lledó, y el diálogo por escrito con el lector como define Manuel Alcántara el columnismo del que ha llegado a ser el decano del género en España y un maestro del que aprender que somos tiempo, lenguaje, memoria y humor. A su brillante obra periodística y literaria, cuyo rasgo de distinción es la precisión melódica de la poesía y su latido de tiempo vivo, se le ha dedicado ahora una Fundación que enriquece el patrimonio cultural de Málaga, además de facilitar que los futuros lectores y profesionales de la escritura aprendan a contar el mundo y a conseguir que el periodismo vuelva a ser rebelde y creativo. Algo necesario en esta época donde la realidad y la información han pedido credibilidad y en la que a veces, gracias a la labor de Caballero Bonald, de Manuel Alcántara, de Millás, de Emilio Lledó y de algunos otros maestros, la literatura nos vacuna contra la constante agresión de los ignorantes.

 

LA VIDEOCULTURA POPULAR

Mamanica Producciones triunfa en YouTube, el portal de videos de internet, doblando a un delirante malagueño cañí escenas de las películas Apocalypso y Toro Salvaje

En febrero de 2005 Chad Hurley, Steve Cheny y Jawed Karim, fundaron un portal web que permitía a los usuarios colgar videos personales de una manera rápida y sencilla. Desde entonces, YouTube ha ido alojando en su extenso archivo una curiosa variedad de programas de televisión, videos caseros, anuncios publicitarios, diarios de viaje, clips musicales, cortometrajes eróticos y escenas censuradas en los medios de comunicación que atraen la curiosidad de quienes buscan historias surrealistas, casposas y divertidas. El último éxito, avalado por las cerca de cuatrocientas mil visitas en pocos días, ha sido un montaje que han hecho dos malagueños al doblar unas escenas de las películas Apocalyso y Toro Salvaje. Los dos títulos que se han transformado en Ruinas en la jungla y Procono Salvaje. En ellas, Rafael Segovia y Daniel Clemente manipulan los diálogos originales con expresiones de barrio y referencias a La Palma Palmilla y Portada Alta que provocan en seguida la risa del espectador. El desenfado, la gracia y el equilibrio entre las imágenes cinematográficas y este hilarante doblaje, pese a su carácter doméstico, se ha extendido rápidamente por la red y los correos electrónicos que envían el link ganando adeptos que continúan la cadena de comunicación, enriqueciéndola con todo tipo de comentarios. No es la primera vez que una de estas creaciones personales consigue en YouTube un sonado éxito y se convierte en un tema de conversación y en uno de esos microreportajes que recogen las programas de las grandes cadenas de televisión. Ya sucedió con la canción del verano Amo tanto a Laura y con otros clips que proponen una nueva versión de conocidos anuncios o de los discursos de famosos políticos nacionales e internacionales.
Esta modalidad, que tiene mucho de divertimento, explica claramente el fenómeno social que ha convertido la red en un espacio y en una eficaz fórmula de comunicación y creatividad que permite una total libertad de expresión. Tanto a la hora de contar lo que sucede en el barrio, de intentar promocionar el talento, de hacer periodismo ciudadano de primera mano, de denunciar lo que esconde la realidad oficial o de exhibir simplemente la vida privada. También lo utilizan ya las agencias de publicidad que se han dado cuenta de que les resulta menos caro y que la difusión de sus productos llama más la atención y llega a más gente. Quién sabe si, en vista de estas excelencias (que ganarían más si impiden aquellas imágenes que conllevan una violencia entendida como Graciela) los políticos deciden que, para la cercana y reñida campaña electoral, lo mejor es colgar los monólogos de sus ficciones en YouTube. En cualquier caso, ésta video cultura popular pone de manifiesto que las nuevas generaciones pasan y mucho de los convencionales medios de comunicación, cada vez más aburridos, más faltos de talento y más “cocinados” por los intereses empresariales y políticos, y que el humor es un estupendo embajador y un plácido lugar de encuentro. No cabe duda de que este YouTube ha democratizado la creatividad, además de posibilitar una comunicación definida por el ingenio y el fácil acceso. ¿Será esto la verdadera sociedad de la información y del conocimiento?

martes, septiembre 18, 2007

 

MARÍA LISBOA

La economía, las exigencias laborales o de la familia, la política e incluso el ocio, están sujetos a la aceleración con la que vivimos el tiempo sin darnos cuenta de que se nos embrutecen los sentidos

El estrés es la consecuencia de haberle vendido el alma al diablo para conseguir a cambio de la supervivencia material y la identidad moderna en un mundo globalizado, donde casi todos somos fantasmas sin tiempo en ciudades que se reflejan unas a otras. Es decir, los mismos edificios que desafían al cielo, los mismos centros comerciales, las mismas franquicias, los mismos turistas, las mismas prisas y las mismas soledades o ambiciones disfrazadas de firma. Un vértigo que nos emborracha y que equivoca las rebeldías propias de la juventud, el presente de la madurez y la manera con la que cada cultura debe preservar su idiosincrasia y su escenografía urbana. Afortunadamente existen antídotos efectivos para el alma y la salud. Hay uno que se llama Lisboa. La ciudad donde tengo una casa. O mejor dicho, donde María tiene una casa cosmopolita y escalonada en la que nunca se hospedan turistas. Está en el barrio de Graça y la custodian una perra que, cuando llegas, te pide una caricia como si fuese tu pasaporte; un gallo que te anuncia el azul melancólico y fado hacia el puente de los claveles y una mujer que te ofrece el plano secreto de la Lisboa que deseas descubrir. En esa casa, que también es la mía y la de Pepa, Lola, Blanca, Pablo, Vera, Amadeo, de Miguel y de más, aprendes que Lisboa es cada día un desayuno diferente; que una buena conversación transforma el tiempo en otro vino o café; que Lisboa es un ajedrez donde cada escaque es un barrio; que en Lisboa lo que parece cerca está lejos y lo que se aprecia lejos está cerca y que en Lisboa cada cosa a su tiempo, tiene su tiempo. Esto último lo escribió Ricardo Reis en el Martinho de Arcada. También puede comprobarse si se entra en la antigua perfumería Alceste de Conceicao 85; si se regatea sin prisa en la Feira de Ladra en la Alfama; paladeando una cocina que no ha perdido la abundancia de sus sabores; al sentarse en la rua de Sao Miguel para escuchar, junto con los viejos vecinos, el fado vadio de A Baiuca o si, entre otras muchas posibilidades, compartes con María el corazón de la casa de Calçada do Monte.

Lisboa es una ciudad tratable y hermosa, con tejados y fachadas de muchos colores, igual que los de la piel de sus habitantes, que muestra dignamente las viejas cicatrices de sus sueños y derrotas, y que posee una enigmática y envidiable cualidad: que el tiempo viaja en un tranvía amarillo. Ese 28 que recorre, eléctrico y empinado, su laberinto de azulejos verticales, de esquinas imposibles, de miradores al Tajo, de casas cuyas puertas jamás indican si están vacías o habitadas, de ventanas con gentes asomadas a la vida que sube y baja, de escaleras humildes en las que siempre es de noche. Un universo de ajetreos y gentes apacibles que hacen que andar sea un ejercicio de caligrafía y en el que el pasado, el presente y el futuro, comparten el ritmo y el orgullo de ser el poema en prosa de Portugal. El país al que España lleva siglos mostrándole la espalda con la errónea altanería de considerarlo un pariente pobre, olvidando así que más bien se trata de una hermana siamesa, culta, generosa, educada y abierta. Igual que es micasaenlisboa.com cada día, todos los días, sin televisión, sin ordenadores, sin que exista un reloj en la muñeca o en la pared y en la que uno puede recuperar su alma. O lo que es lo mismo: el tiempo que en lugar de llevarse, nos da.


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